Diciembre 2025

La primera cosecha

Retorno mensual: +1.11%

Queridos inversionistas,

Llevo veinte años construyendo software. Plataformas de salud, automatización empresarial, herramientas de inteligencia artificial que movían millones de transacciones. En software las cosas funcionan o no funcionan. Lo construyes, lo pruebas, lo monitoreas, y dejas que la máquina haga lo que mejor sabe hacer: ejecutar sin emoción.

Hace unos quince años descubrí el value investing. Mohnish Pabrai, Guy Spier, las enseñanzas de Buffett y Munger, todos me enseñaron a buscar negocios con ventajas competitivas duraderas, management honesto, y precios con margen de seguridad. Ese marco sigue siendo la base de todo lo que hacemos en Workflow Capital.

Cuando entré al mundo de la inversión, noté algo curioso. Todo el mundo hacía lo mismo: leer 10-Ks, analizar balances, correr el mismo playbook. ¿Cuál era mi ventaja ahí? Me puse a pensar en el edge de Warren Buffett en sus primeros años: venía en parte de Value Line, una ventaja tecnológica para su época. Ellos tenían acceso a datos de una forma particular, y la capacidad de interpretarlos para tomar decisiones informadas. Yo tenía otra tecnología a mi disposición, y la formación técnica para aprovecharla.

Mi edge era el pensamiento de sistemas.

Por ese camino llegué a las opciones como herramienta sistemática. Desarrollé un método que combina estrategias de opciones con canastas de empresas de alta calidad, organizadas en varios niveles según calidad y convicción. El workflow que salió de ahí es el resultado de juntar ambos mundos: el criterio del value investor con la disciplina del ingeniero.

El resultado es Workflow Capital.

La lógica del agricultor

Vendemos seguros sobre negocios de los cuales nos encantaría ser dueños. Esa es toda la estrategia en una oración. Cada put que escribimos es un contrato que dice: si esta acción cae a un precio que consideramos atractivo, la compramos. A cambio de ese compromiso, cobramos un premium hoy.

Los negocios que aseguramos son los mismos que cualquier value investor reconocería: ventajas competitivas duraderas, gerencia honesta, balances sólidos. Los compariamos con gusto al precio correcto. El mercado simplemente pide más de lo que queremos pagar. Entonces, en vez de esperar sentados con efectivo que no rinde nada, nos pagan por esperar.

Un agricultor no se angustia pensando si el martes va a llover. Siembra en buena tierra, cuida lo que sembró, y acepta que unas temporadas son mejores que otras. Nuestra tierra es la calidad de los negocios que aseguramos. Diciembre fue nuestra primera siembra.

Los números

Ejecutamos 19 operaciones en diciembre. 18 vencieron con ganancia. Una la cerramos antes porque la tesis cambió, con una pérdida pequeña. Eso da un win rate de 95%. Hay que tener cuidado con sacar conclusiones de un solo mes, pero el resultado vino de la selección: cada una de esas 19 operaciones pasó por un filtro de calidad de cuatro capas que revisa salud financiera, momentum y calidad fundamental antes de arriesgar un solo dólar.

Las posiciones cubrieron tecnología, químicos especializados y consumo. Todas fueron puts cash-secured sobre empresas que estaríamos cómodos teniendo en el portafolio, empresas que pasarían el filtro de cualquier value investor. El retorno del mes fue +1.11%.

No voy a pretender que 1.11% suena emocionante. No lo es. Pero compuesto mensualmente da aproximadamente 14% anualizado. Y eso fue en un mes parcial, con sizing conservador, en un sistema nuevo con las rueditas de entrenamiento puestas. Lo más importante: el drawdown fue prácticamente cero. Sabíamos cuál era nuestro peor escenario en todo momento, y ese escenario ni se asomó.

La infraestructura

Lo que más me enorgullece de este mes es el sistema que está detras del retorno. Antes de crear un solo trade, construimos un protocolo de ejecución con múltiples compuertas que valida cada orden antes de enviarla. Un filtro de calidad que analiza cientos de stocks y aprueba solo unos pocos. Controles de seguridad que físicamente impiden que el sistema ejecute órdenes de mercado, use apalancamiento, o se pase de los límites de posición.

Hace diez años, el que decidía y el que ejecutaba era la misma persona: yo. Un humano que se emociona, se asusta, y de vez en cuando se convence de que este trade es especial. Ahora el que decide sigo siendo yo, con los mismos principios de valor de siempre. El que ejecuta es una máquina. Yo elijo la estrategia. La máquina impone la disciplina. Pabrai dice que la clave de invertir es no ser estúpido. La máquina hace que sea mucho más difícil ser estúpido.

Lo que viene

Diciembre fue la prueba de concepto. El sistema funciona. La infraestructura aguanta. La tesis (que la volatilidad está sistemáticamente sobrevaluada, y que un vendedor paciente y disciplinado que entiende los negocios puede capturar esa diferencia) produjo su primera cosecha pequeña.

En enero vamos a escalar. Más capital, más posiciones, más diversificación, y la primera prueba real de cómo se comporta el sistema con mayor volumen. Espero errores. Bienvenidos sean. Cada error que el sistema atrapa es un error que yo habría cometido por instinto hace diez años.

La meta es construir una máquina que acierte lo suficiente, que maneje el riesgo siempre, y que componga en silencio mientras dormimos.

Gracias por la confianza. Apenas estamos arrancando.

Carlos Taborda Jaraba

Fundador y Gestor de Portafolio

Workflow Capital